Cuando iba yo al kinder, los niños de mi salón y yo fuimos al teatro acompañados de nuestra maestra. Por "teatro" me refiero a una carpa de circo que en ese tiempo me parecía enorme, de colores rojo y amarillo, y en su interior sillas de metal y un lugar donde vendían palomitas frías. Y al frente había (obviamente) un escenario, no recuerdo qué obra vi ese día y tampoco recuerdo si me gustó. Lo único que me pareció interesante fue que el teatro estaba encima de un lote valdío y antes de que comenzara la obra yo dibujaba círculos con los pies.
Así que no fue algo precisamente significativo en mi vida.
Pasó el tiempo y el teatro (que recuerdo que se llamaba Teatro Carpio) cambió su nombre a Teatro Iris y después de un tiempo nadie en Los Reyes volvió a saber nada de él y sus probablemente talentosos actores.
Y bueno, tampoco me interesé por ver alguna obra de teatro. Hasta ayer.
Fui con Nancy a ver la obra de La dama de negro en el teatro de Zamora (porque en Zamora sí tienen un teatro de verdad) y la verdad es que me pareció una obra bastante genial. Sólo eran dos tipos que actuaron bastante genial y la historia era bastante interesante. Sin mencionar que usaron muy pocas cosas para toda la obra y el hecho de que el audio era bastante bueno ayudó a que yo sintiera escalofríos varias veces y me emocionara con la historia.
Dejando de lado el hecho de que eso ha sido más o menos lo unico interesante que he hecho últimamente, he notado que ya comienza a oler raro, en la tele hay más comerciales de juguetes y el frío comienza a ser mayor. Mentiría si digo que me emociona esa época del año que ya se acerca, pero tampoco es como si me diera igual, porque dentro de no mucho vendrá Che y tendré un remedo de vida social de nuevo. Y luego seguro que paso otra Navidad en Morelia con mis tíos muriendo de aburrimiento hasta quedarme dormido. Como todos los años.
Fuck yeah.
viernes, noviembre 28, 2008
Walking with a ghost...
jueves, enero 31, 2008
De cómo uno de mis amigos se volvió emo...
Qué desperdicio, qué desperdicio.
Todo sea por quedar bien con los amigos.
Post borrado, felicidades a los que alcanzaron a verlo.
martes, enero 15, 2008
Echoes...
(Parte de primera visita).
El taxi nos dejó en la entrada de la privada donde ella vive, entramos y no fue posible evitar ver el rinconcito que había justo a la entrada. Uno de esos lugares que ves y sabes que es justo y necesario besarse ahí, así que lo hicimos.
Después de algunos minutos noté que comenzó a mover su blusa de una forma extraña, y no me di cuenta de qué estaba haciendo hasta que volví a ver hacia abajo para descubrir que parte de su blusa había sido movida hacia abajo dejando parte de sus senos descubiertos. Apenas vi esto bajé mi cabeza y me detuve a un par de centímetros de uno de sus pezones.
Aunque el rincón estaba algo oscuro, miré por un instante sus senos y respiré, traté de recordar películas, fotos, e incluso alguno de los consejos que Giovanni nos daba en las pedas que han habido, pero mi mente estaba en blanco.
Fue justo ahí, lejos de mi casa y bastante cerca de la suya, nervioso y a escasos centímetros de sus pezones, fue justo ahí cuando me di cuenta y me golpeó la cabeza la oración "No tengo ni puta idea de cómo lamerlos".
miércoles, agosto 08, 2007
Bindy...
Ayer, por azares del destino, mientras mi abuela me platicaba no-se-qué de, usó la palabra "jeta". Así que, buscando alguna excusa para no ponerle atención, traté de recordar dónde y cuando había yo aprendido el significado de esa palabra, y después de un rato lo logré.
Palabras como [insértense varios ejemplos] las conocía desde mucho antes, pero no escuché la palabra jeta sino hasta que llegué a la edad de 9 años.
Transcurría el año de 1999, mi madre y yo vivíamos en Lomas de Morelia, en un departamento pequeño cuyo número no puedo recordar (era el 426, si mal no recuerdo). En esos días la telenovela Serafín causaba euforia en los niños casi tanto como la primera temporada de Pokémon, que amenazaba con tener más audiencia que el ya viejo y gastado DBZ.
Yo, como muchos pobres niños fui victima de Pokémon, cuando salió el álbum de estampitas corrí a la tienda que estaba frente a mi departamento a comprar el álbum y algunos sobrecitos. Desde entonces, y conforme pasaban las semanas yo iba varias veces al día a la tienda para comprar más sobrecitos, gasté tanto dinero que terminé cayéndole bien a la señora que era dueña de la tienda, se aprendió mi nombre y yo el suyo (claro, ya no recuerdo su nombre, vamos a decir que se llamaba... No sé, Esther.)
Cuando dejaron de vender las estampitas de Pokémon, y después de superar la tristeza que me provocó no haber conseguido la ultima que me faltaba me di cuenta de que lo unico bueno que había sacado había sido la amistad de doña Esther, y claro, de sus 4 o 5 hijos, quienes me atendían con alegría cada vez que yo entraba a la tienda con los bolsillos llenos de cambio.
Cierto día, mi madre tuvo que salir de la ciudad y doña Esther se ofreció a cuidarme.
Pasé ese día en casa de doña Esther, hablando con sus dos hijas sobre cosas sin importancia, durante la conversación una de sus hijas dijo la palabra "jeta", la cual llamó mi atención, por lo que decidí preguntar:
Yo: Qué es jeta?
Hija 1: No sabes qué es?
Yo: No...
Hija 1: Es así como...
[En ese momento se puso a hablar en voz baja con su hermana]
Hija 2: Es algo así como la cara.
Yo: Ah...
En ese momento sentí que debía usar mis conocimientos recién adquiridos, y decidí usar la nueva palabra en una oración, olvidé mencionar que la hija 1 (a quien ahora conoceremos como... digamos, Conchita) tenía algo que la diferenciaba de su hermana, y era una dentadura tan pinche culera que decidí que sería un buen ejemplo decir:
Yo: Entonces si digo que tienes la jeta llena de dientes, está bien dicho?
Hija 2: *ríe*
Conchita: Pues, sí... Más o menos.
Un rato después mientras yo estaba en la cocina escuché a personas discutiendo, cuando dejaron de hacerlo, doña Esther me pidió que la acompañara a la sala, donde estaban hija 2 y Conchita mirándome de una forma muy diferente a la que lo hacían cuando yo compraba sobrecitos de Pokémon.
Entonces doña Esther se sentó frente a mi y me dijo algo como: "Mario, yo sé que eres un niño muy propio y que nunca dirías nada que insultara a nadie". La miré a los ojos tratando de contener la risa, cosa que fue casi imposible cuando me preguntó, con un gran esfuerzo:
Tu no le dijiste a Conchita que tiene la jeta llena de dientes, verdad?
No pude evitarlo, miré a doña Esther con una expresión extrañada, casi ofendido y contesté "No" de forma que no se notara que me causaba gracia que la pobre mujer tuviera una confianza tan ciega en mi.
Contestó Gracias, yo sabía que no podías haber dicho eso, se levantó y llevó a su hija Conchita a un cuarto, cerró la puerta y unos segundos después escuché el sonido de un cinturón golpeando a la pobre Conchita, también los gritos de su madre, que hablaba de una forma tan extraña que no pude entender nada de lo que decía. Durante esos minutos no fue tan incómodo escuchar eso, sino la forma tan horrible en que me veía la hija 2, porque sabíamos que yo no solo había insultado a su hermana, sino que también me había asegurado de que su madre se muriera creyendo que yo era un niñito tierno que fue víctima de las mentiras de la malvada Conchita.
Durante los meses siguientes fui frecuentando cada vez menos la tienda, no solo porque sus hijos desarrollaron un odio enorme hacia mi, sino porque regresé a vivir a Los Reyes.
No me despedí de doña Esther, mucho menos de sus hijos. Tuve que inventar los nombres porque ya no recuerdo los originales, y seguramente Conchita ya no recuerda mi nombre, pero seguramente no se le va a olvidar la chinga que le pusieron por mi culpa.
Y así fue como aprendí la palabra "jeta".
domingo, marzo 18, 2007
Hysteria...
Estuve casi todo este fin de semana viendo Retrojunk, una página donde tienen información sobre series, caricaturas y hasta comerciales de los 70's, 80's y 90's. La verdad es que no me gusta mucho ponerme a recordar los primeros años de mi vida, porque no he cambiado mucho. Desde que llegaba a mi casa después de la escuela me ponía a ver televisión, comenzaba con dragonball y de ahí hasta que me mandaran a dormir ya avanzada la noche. Y estar de vacaciones era de lo mejor, porque fácilmente pasaba todo el día viendo una y otra vez a los pitufos, los snorkels, la máscara, los motorratones de Marte, las tortugas ninja, el capitán planeta, los gatos samurai y los power rangers, por mencionar a los más conocidos.
Me sentí viejo recordando todas esas cosas. En serio hace ya diez años que por todo mi ranchito se paseaban camionetas tocando una y otra vez la canción de "Barbie girl", mientras yo corría por mi casa en mi trajecito de Power ranger? La verdad es que la mejor epoca para ser niño fueron los 90, no solo por los programas de televisión o porque no nos tocó vestirnos de una forma tan ridícula como en los 70's u 80's, sino por...
.....
Bueno, la pagina está muy chingona.
lunes, noviembre 13, 2006
The hand that feeds...
Este fin de semana fui a casa de Alucard porque fue cumpleaños de Faby, ahí solo confirmé lo que antes sospechaba, me refiero a lo que había explicado tan claramente en este post.
Y bueno, me la pasé bien, conocí a los Alan, Sabina y Tachi. Cuando ya me iba Alucard me prestó los libros de Cuadrántida, Carrie y Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe, este último me trae algunos recuerdos. Por allá en la Navidad del '98 uno de mis tíos me regaló Narraciones Extraordinarias, así que esa noche comencé a leer algunas historias: El corazón delator, La inhumación prematura y por último el gato negro. Durante casi una semana tuve miedo de mirar debajo de mi cama, todo me asustaba y me rehusaba a dormir con la luz de mi cuarto apagada.
Fue la última ves que me regalaron un libro.
sábado, septiembre 09, 2006
The air near my fingers...
Ayer mientras pasaba apuntes de informática, recordé algo que me había pasado hace ya mucho tiempo, y que aún recuerdo casi a la perfección… Se trataba de Karla.
Éramos cuatro amigos en total, y a los cuatro nos gustaba nuestra compañera Karla, ella tenía la fama de andar con varios tipos a la ves, y por su culpa se habían provocado varias peleas entre mis compañeros, pero no me importaba, yo sentía algo por ella, me gustaba, me gustaba mucho.
Recuerdo que unos días antes mis tres amigos y yo tuvimos una conversación muy seria, en la cual me enteré de que Karla siempre se mostraba muy cariñosa con los cuatro, y siempre nos besaba, ignorando el hecho de haber estado compartiendo saliva con ellos decidí proponerles que habláramos con ella, para así evitar peleas innecesarias. Karla decidiría con quién de nosotros quedarse y los demás no tendrían otra opción más que resignarse, los tres estuvieron de acuerdo.
Al día siguiente, a la hora de la salida hablamos con Karla, ella se sentó en el suelo y nosotros también, recuerdo que su falda era mucho más corta que la de mis compañeras, y no podía evitar mirar sus piernas, pero no dejé de prestar atención a la conversación.
Ella estaba muy confundida, y uno de mis amigos propuso:
-A quien elijas, le darás un beso.
Ella aceptó y sonrojada nos pidió que cerráramos los ojos. Obedecí, al no sentir nada en mis labios abrí mis ojos de nuevo y pude observar como Karla besaba al que yo consideraba mi mejor amigo, él la envolvió en un abrazo y se quedaron ahí, mientras mis otros dos amigos y yo nos poníamos de pie y nos alejábamos para evitar ver a la nueva pareja, pues aquella escena nos llenaba de tristeza.
Ese fue mi primera desilusión amorosa, y apenas tenía seis años de edad.
